Mindfulness no es una pseudoterapia y otros malentendidos

5 malentendidos acerca de mindfulness

A raíz del proyecto del gobierno de Pedro Sánchez en contra de las llamadas pseudoterapias, y de algunas publicaciones recientes en medios de comunicación y redes sociales, he estado reflexionando acerca de los malentendidos que existen en torno a la práctica de mindfulness.

Mindfulness NO es:

  •      Pseudoterapia
  •      Pensamiento positivo
  •      Dejar la mente en blanco
  •      Relajación
  •      Práctica religiosa

Mindfulness NO es una pseudoterapia

Algunos pretenden meter a mindfulness en el saco de las pseudoterapias, asemejando la práctica de la atención plena a una especie de homeopatía de la mente o, incluso, a un lavado de mente al estilo de las sectas.

Sin embargo, desde que en 1979 Jon Kabat-Zinn, doctor en biología molecular y profesor de medicina en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, fundó la Stress Reduction Clinic y empezó a aplicar su programa de reducción del estrés basado en mindfulness (MBSR), la investigación científica sobre esta materia ha crecido de forma exponencial.

Hasta ahora existe suficiente evidencia científica de que las intervenciones en salud mental basadas en mindfulness, en general, son más beneficiosas para la salud, que inocuas o perjudiciales. En este sentido, sugiero la lectura del informe Mindful Nation UK (2015), una iniciativa del Parlamento Británico dirigida a revisar el respaldo científico en torno a la práctica de la atención plena.

Por ejemplo, tanto la Asociación Americana de Psiquiatría como el británico Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (NICE) han incluido a la terapia cognitiva basada en mindfulness entre las intervenciones recomendadas para prevenir recaídas en pacientes con depresión.

Sin embargo, la investigación científica en torno a la atención plena no está exenta de críticas (de lo contrario, sería una pseudoterapia).

En un trabajo titulado Mind The Hype: A Critical Evaluation and Prescriptive Agenda for Research on Mindfulness and Meditation (2017), coordinado por Nicholas Van Dam (2017), profesor de psiquiatría de la Escuela Icahn de Medicina del Mount Sinai Hospital (Nueva York), se recogen las más importantes críticas a la investigación sobre mindfulness, desde la dificultad con la propia definición del término, pasando por el rigor de los métodos utilizados, hasta llegar a los posibles efectos secundarios.

Pero en ningún caso la crítica científica habla de “pseudoterapia”, sino de que “es necesario seguir investigando”.

Como recuerda Irvin Yalom, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Stanford, psicoterapeuta y escritor, en su obra El don de la psicoterapia:

Las terapias no validadas no son terapias invalidadas”.

Mindfulness NO es pensamiento positivo

En una entrevista publicada por Jot Down Magazine a Víctor Amat, el psicólogo y psicoterapeuta afirma que “mindfulness ha hecho mucho daño” y la vincula con “prohibir pensamientos negativos”.

Pero la idea de prohibir pensamientos, sean del tipo que sean, es ajena a la práctica de la atención plena.

Basta con recordar que la primera de las Cuatro Nobles Verdades del budismo, origen histórico de mindfulness, es la noble verdad del sufrimiento.

“Esta, oh monjes, es la Noble Verdad del Sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, asociarse con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es sufrimiento, no obtener lo deseado es sufrimiento”.

Dhammacakkappavattana Sutta – Discurso de la puesta en movimiento de la rueda del Dhamma.

Reconocer que el sufrimiento es consustancial a la experiencia humana es uno de los principios esenciales del budismo

Reconocer que el sufrimiento es consustancial a la experiencia humana es uno de los principios esenciales de mindfulness. No conozco ningún programa validado de atención plena en el que se prohíban los pensamientos negativos.

Todo lo contrario, se invita a las personas a sentarse a meditar con su sufrimiento, con su dolor, para hacerle frente, no para evitarlo o teñirlo de rosa.

“Lo mejor para aliviar el sufrimiento mental es sentarse en zazén (…) En la postura de zazén la mente y el cuerpo son capaces de aceptar las cosas tal como son, sean ellas agradables o desagradables”, enseñaba el maestro japonés de budismo Zen Shunryu Suzuki.

La práctica de mindfulness se basa en prestar atención, sin discriminación, a lo que es, así sea agradable o desagradable, doloroso o placentero. Lo que se propone no es prohibir pensamientos, de ningún tipo, sino dar cuenta de ellos, tomando distancia y colocándonos en el rol de observadores de nuestra propia mente.

En mindfulness no se prohiben pensamientos y emociones: se aprende a vivir con ellos.

Mindfulness NO es dejar la mente en blanco

Si se práctica meditación con la expectativa de dejar la mente en blanco es probable que la frustración sea grande.

Mindfulness consiste en un ejercicio de atención muy particular: atender a la experiencia inmediata del cuerpo y de la mente. ¿Dónde está nuestra mente, momento a momento ? ¿Qué emoción sentimos en el cuerpo?

No se trata de luchar contra los pensamientos, sino de observarlos, enraizados en nosotros mismos. Meditar es abandonar la tendencia a hacer y tomar refugio en el ser.

Es posible que durante esta práctica la mente quede unos instantes en blanco: no es el objetivo, es una consecuencia. El objetivo es estar más presentes, en el aquí y ahora, abriéndonos a la experiencia de la compasión por los otros y por nosotros mismos, y a la comprensión que de esa experiencia de atención plena se derive.

Mindfulness NO es relajación

Si algo distingue a la atención plena de los métodos de relajación más presentes en la clínica como los de Jacobson o de Schultz es la finalidad: el propósito de mindfulness es estar más alertas y conscientes, menos dormidos. Por eso a Siddharta Gautama lo llamaban el Buda, que quiere decir, el despierto.

La relajación, entonces, viene a ser un efecto secundario de la práctica de la atención plena, no su objetivo. En los laboratorios se ha identificado cómo la práctica habitual y sostenida de meditación reduce los niveles de hormonas y neurotransmisores asociados al estrés (Pascoe, M. et al. 2017)

Mindfulness no es pseudoterapia

Pero el objetivo no es estar más relajados, sino estar más presentes. Solo que nuestra presencia será más relajada y amable, con el potencial de beneficiar a los otros. Porque los estados de ánimo y las emociones tienen el poder de contagiarse.

Mindfulness NO es una práctica religiosa

Aunque se originó en el budismo, mindfulness no está necesariamente vinculada con la práctica religiosa budista.

La atención plena puede ser abordada como una técnica metacognitiva de autoobservación. De hecho, muchas terapias cognitivos conductuales han abrazado mindfulness porque se trata, en esencia, de una conducta: la conducta de sentarse a meditar, y por tanto, puede ser estudiada.

Pero no solo eso: mindfulness puede ser vista como una típica técnica conductista de exposición interoceptiva a sensaciones internas, en forma de pensamientos y emociones.

Ni pseudoterapia, ni pensamiento positivo, ni dejar la mente en blanco, ni relajación, ni práctica religiosa: mindfulness es, como enseñó Buda, ser conscientes de que estamos comiendo cuando comemos, ser conscientes de que caminamos cuando caminamos y ser conscientes de que respiramos cuando respiramos.

Mindfulness es vivir dándonos cuenta de que estamos vivos.



Autor: Máximo Peña

Periodista, psicólogo y especialista en intervención psicoterapéutica

Un comentario en “Mindfulness no es una pseudoterapia y otros malentendidos”

  1. Mindfulness no es una seudoterapia, pero tampoco una terapia. El uso en la investigación científica. no la convierte en ciencia, sino en todo caso, en objeto de investigación. Se requiere de un método, investigación, experimentación, teorías, efectividad y validación para convertirse en ciencia. Además de estar apoyada en un cuerpo de conocimientos y en la academia institucionalizada para ser considerada como parte de una ciencia.

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