Al principio fueron los cuidados. Sin unas condiciones mínimas de posibilidad y mantenimiento la vida no prospera.
Cuidar y ser cuidado es esencial para los mamíferos, la clase animal a la que pertenecemos. Sin embargo, en la filosofía occidental la reflexión sobre los cuidados estuvo ausente hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando pensadoras (mujeres) sacaron los cuidados del cajón de los olvidos.
Pero los cuidados, a veces invisibles, otras veces invisibilizados, siempre han estado ahí. El texto que sigue son los apuntes de mi intervención en el Foro de Maternidad y Crianza 2026, celebrado en Asturias entre los días 26 y 30 de agosto, organizado por Vía Láctea y 9 Món.
Los cuidados: origen de la humanidad
El escritor latino Higino recoge en sus Fábulas un mito de la creación del ser humano que no aparece en ningún otro autor o tradición, y que coloca a los cuidados en el origen de la humanidad. El relato dice así:
Estaba un día Cuidado atravesando cierto río y al ver gran cantidad de arcilla, cogió una buena porción y, meditabunda, comenzó a modelar una figura. Mientras pensaba para sí qué había hecho, se acercó Júpiter. Cuidado le pidió que infundiese espíritu al trozo de arcilla y Júpiter le concedió ese deseo.
Pero al querer Cuidado poner nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió, diciendo que el nombre se lo debía ponerle él, que le había infundido vida. Mientras Cuidado y Júpiter discutían sobre quién debía ponerle nombre, se levantó Tellus (la Tierra) y dijo que solo a ella le correspondía dar nombre al nuevo ser, puesto que ella le había dado el cuerpo. La discusión se prolongó largo tiempo, hasta que los litigantes escogieron por juez a Saturno, el dios del tiempo, que dictó la siguiente sentencia:
Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu, lo recibirás a su muerte; tú, Tierra, por haber ofrecido el cuerpo, recibirás el cuerpo. Pero por haber sido Cuidado quien primero dio forma a este ser, será quien lo posea mientras viva. Y en cuanto al litigio sobre el nombre, que se llame homo, puesto que está hecho de humus (tierra).
Heiddeger: el Ser del ser-ahí son los cuidados
Al filósofo alemán Martin Heiddeger le impresionó tanto este relato mitológico de Higino que le dio al cuidado (la cura, como a veces se traduce) un lugar central en su obra El ser y el tiempo.
“…la «cura» aquello a que está entregado el «ser ahí» humano «durante su vida» (…) esta primacía de la «cura» aparece en conexión con la conocida concepción del hombre como compuesto de cuerpo (tierra) y espíritu (…) este ente tiene el «origen» de su ser en la cura (…) el ente no es abandonado por este origen, sino retenido, dominado por él mientras este ente «es en el mundo». El ser y el tiempo, FCE, 218-219
Heidegger vio en la cura (el cuidado) la precondición de el-ser-ahí o ser-en-el-mundo, el hilo conductor entre el cuerpo y el espíritu, atravesado por la temporalidad en la que transcurre la existencia.
Más allá de colocar a los cuidados como fundamento ontológico del ser humano, la aproximación de Heidegger se queda en el plano de la abstracción, sin acercarse ni por asomo al cuidar como práctica.
Heidegger constituye una excepción en la historia de la filosofía occidental, ajena a algo tan profano como los cuidados. Vinculados a las mujeres, por cómo se ha conformado la historia humana bajo el signo patriarcal, los cuidados fueron ignorados por los grandes pensadores, muchos de ellos, atravesados por la misoginia y el androcentrismo.
La filosofía: un campo de nabos
Como sostuve durante mi intervención, la historia de la filosofía occidental, hasta la primera mitad del siglo XX, ha sido un campo de nabos.
¿Conoces alguna de las actividades que practican los seres humanos donde el sexo masculino no sobresalga en todo sentido sobre el femenino? ¿O nos extenderemos hablando del tejido y del cuidado de los pasteles y pucheros (…)? (Platón, República, 455b-456b)
Este texto de Platón refleja el desprecio que uno de los pensadores más influyentes de Occidente sentía hacia las mujeres. Aunque en su estado ideal no hace diferencia entre hombres y mujeres en cuanto a asignarles tareas, sino que cada cual ocupará su lugar de acuerdo con sus capacidades y habilidades, Platón remarca una y otra vez la pretendida superioridad masculina.
¿Qué sería de la historia de la filosofía sin los cuidados que recibieron los señores que se dedicaron a filosofar? ¿Cuántos guisos de carne y verdura, cuántas lentejas detrás de palabras como Ser, Tiempo, Lógica, Nada, Totalidad, Fenomenología, Metafísica?
Las tradwife y Rousseau
Un filósofo particularmente misógino entre los misóginos fue Rousseau.
Un dato de su biografía ilustra bastante bien las ideas que tenía acerca de los cuidados. En 1745, con 33 años, en París, conoce a Thérèse Levasseur, quien servía las mesas en una casa de comidas frecuentada por el autor de El Contrato Social.
Con ella tuvo cinco hijos y la convenció para que uno a uno, según iban naciendo, fuesen entregados a un orfanatorio.
Para Rousseau, solo los hombres, a quienes corresponde el espacio de lo público, deben poseer todos los derechos, y las mujeres son meros acompañantes, cuyo espacio natural es el doméstico. Las tradwife y el movimiento en Estados Unidos a favor de eliminar el voto femenino, sin saberlo, son rousseaunianas.
“A las mujeres, en general, ni les gusta ni aprecian el arte, y no tienen ningún talento. Pueden alcanzar el éxito en labores insignificantes (…)”, escribió Rousseau en una carta.
Esas labores insignificantes en las que destacan las mujeres son, desde luego, los cuidados.
Paradójicamente, Rousseau fue fundamental en el nacimiento del movimiento feminista: parte del impulso para la creación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de Olympe de Gouges, en 1791, y la Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, en 1792, se debió al rechazo que provocó en ellas la misoginia de Rousseau.
Carol Gilligan y el nacimiento de la Ética de los Cuidados
Llegados al siglo XX, en 1982, la filósofa y psicóloga estadounidense Carol Gilligan, profesora en Harvard, publicó un libro – In a different voice: psychological theory and women’s development– que inauguró una nueva disciplina: la Ética de los Cuidados.
En la referida obra, Gilligan critica el modelo de desarrollo moral de mayor consenso en la época, el de Lawrence Kohlberg, basado en reglas universales abstractas y en el que las mujeres aparecían como menos desarrolladas moralmente.
Para Gilligan, más allá de la ética basada en razonamientos morales, existe una Ética de los Cuidados orientada al bienestar del otro, la empatía y la preservación de los vínculos. De acuerdo con sus investigaciones, al enfrentarse a dilemas éticos las mujeres no solo aprecian las reglas abstractas, sino que toman en cuenta los vínculos y las personas involucradas.
Y no por “esencialismo”, es decir, por la creencia de que las mujeres al nacer son de determinada manera, sino por las prácticas culturales que han hecho recaer sobre ellas las labores de cuidados.
«En un contexto patriarcal, el cuidado es una ética femenina; en un contexto democrático, el cuidado es una ética humana». (Carol Gilligan, 1982)
Joan Tronto y la politización de los cuidados
En 1993, una politóloga de Princenton, Joan Tronto, dio un paso más en el desarrollo de la Ética de los Cuidados con la publicación de Moral Boundaries.
Tronto propone una definición de los cuidados que los lleva más allá de los vínculos.
“Los cuidados vienen a ser una actividad genérica que incluye todo lo que podamos hacer para mantener, perpetuar y reparar nuestro mundo de forma tal que podamos vivir en él lo mejor posible. Este mundo incluye nuestros cuerpos, nuestros yoes y nuestro entorno, elementos que intentamos entretejer formando una compleja red que permita sustentar la vida”. (Joan Tronto, 1993)
Tronto define cuatro fases éticas de los cuidados que articulan la práctica cotidiana:
- Darse cuenta (Caring about): notar que existe una necesidad. Romper la ceguera social o individual.
- Responsabilidad (Taking care of): asumir que hay que hacer algo al respecto (vencer el «no es mi problema»).
- Competencia (Care-giving): la realización física del trabajo. No basta la buena intención; el cuidado requiere saber hacer y recursos materialmente eficaces.
- Recibir la respuesta del cuidado (Care-receiving): observar cómo reacciona quien recibe el cuidado. El cuidado no es imposición ni paternalismo; requiere escuchar a la persona cuidada.
¿Dónde están los hombres que cuidan?
A comienzo de los años noventa aparece otro libro que me interesa destacar: Caring. Gender-Sensitive Ethics, de la filósofa Peta Bowden.
Bowden explora, sin pretender ser exhaustiva, cuatro dimensiones posibles de los cuidados:
- Los cuidados maternales
- La amistad
- La enfermería
- La ciudadanía
Al abordar los cuidados maternales, en una época en la que las mujeres se habían incorporado de forma masiva al mercado laboral, surge de lleno la pregunta: ¿dónde están los hombres que cuidan?
La primatóloga y profesora del departamento de Antropología de la Universidad de California Sarah Blaffer Hrdy, se pregunta (2008) cómo es posible que la selección natural darwiniana no haya favorecido a los padres capaces de proporcionar a la progenie lo necesario para sobrevivir, frente a aquellos otros que se comportan como si no tuviesen hijos, a pesar de lo larga y compleja que es la crianza humana.
En su libro El padre en escena (2025) Hrdy plantea la necesidad urgente de replantearse el tremendo potencial de crianza y cuidados que reside en los varones humanos.
En sintonía con la idea de que los cuidados son también un asunto de hombres, la investigadora australiana Karla Elliott ha desarrollado el concepto de Masculinidades del Cuidado (2016) como identidades masculinas que rechazan la dominación y adoptan valores asociados al cuidado, como la emoción positiva, la interdependencia y la cualidad o capacidad relacional.
«Sugiero que estas masculinidades del cuidado constituyen una forma crítica de compromiso y participación de los hombres en la igualdad de género y ofrecen el potencial de un cambio social sostenido”, sostiene Elliott.
A partir de estas ideas en mi libro Paternidad aquí y ahora (Arpa Editores, 2023) desarrollé el concepto de Paternidades del Cuidado como un modelo de participación de los hombres en la crianza, que, respetando los procesos evolutivos de las infancias, pone el cuerpo a disposición de los cuidados, aportando tiempo y presencia, de forma equitativa y cooperativa con la madre.
Cuidar la vida: la última utopía
Ahora bien: ¿basta con que la mayoría de los hombres, siguiendo el modelo de Tronto, se den cuenta de la necesidad de los cuidados, asuman su responsabilidad y se capaciten para ejercerlos?
La asunción de los cuidados por parte de los hombres es indispensable, pero no suficiente. Hace falta una transformación de toda la sociedad, que ponga los cuidados en el centro, no como retórica política, sino como verdad encarnada en la práctica. Entonces sí estaremos en el umbral de una revolución: la revolución de los cuidados.
Las sociedades humanas se han quedado huérfanas de utopías viables. “Cambiar el mundo” ha sido sustituido por cambiar la cerámica del baño. Nadie cree que la Inteligencia Artificial (IA) haya llegado para salvarnos.
De hecho, Geoffrey Hinton, premio Nobel de Física en 2024, una de las personas más influyentes en la creación de la IA, que renunció a su puesto como asesor de Google alertando sobre los riesgos para la humanidad del desarrollo con fines militares de estas tecnologías, considera que la única forma de que la humanidad sobreviva a la IA es desarrollar modelos inspirados en el vínculo mamá-bebé.
De esta forma, la IA, cuando alcance la capacidad de destruir a la humanidad, en lugar de hacerlo, como una madre que cuida a su bebé, se vea impulsada a protegernos.
Estamos ante un cambio de paradigma en las ciencias de lo humano. En las publicaciones académicas, incluyendo la neurociencia, aparecen palabras que hasta hace algunos años estaban vetadas:
…cuidados, sentimientos, responsabilidad, afecto, reciprocidad, confianza, respeto, curiosidad, solidaridad, vínculo, apertura, amabilidad, vulnerabilidad, compasión, resistencia, altruismo, empatía, cariño, aceptación, ternura, conexión, reparación, mirada, interdependencia, cercanía, dignidad, dulzura, cooperación, amor…
Ya tenemos las palabras. ¿Qué hace falta ahora para que quienes calculan el Producto Interno Bruto de las naciones reconozcan que sin los cuidados no hay economía que se sostenga?
Los cuidados son la frontera donde se encuentran la razón y la emoción. Cuidar es razón porque es una necesidad humana y es justo atenderla. Cuidar es emoción porque el corazón es la brújula que señala el camino.
Cuando hablamos de cuidados hablamos de cuerpos: cuerpos que cuidan y cuerpos que son cuidados. “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”, escribió el filósofo Baruch Spinoza.
Lo seguro es que, sin cuidados, nada pueden los cuerpos.
Los cuidados no son “buenismo”: son la estructura básica que sostiene la vida.
