La Inteligencia Artificial (IA) no sabe lo que es la tristeza o la alegría. Seguramente puede definirlas, citar autores, escribir un artículo de blog o una tesis doctoral, pero no tiene experiencia de ellas ni de nada relacionado con la salud mental o las emociones.
La IA no ha experimentado el impacto de crecer en una familia caótica y violenta.
La IA no sabe lo que es sentir vergüenza en un aula de clase o sufrir acoso de tus compañeros.
La IA nunca ha sentido que no era suficiente para su madre o su padre.
La IA nunca probó el alcohol o la marihuana a los 14 años.
La IA no conoce lo que es perder a un ser querido.
La IA jamás ha sentido miedo o un ataque de ira.
La IA no ha experimentado el amor y nunca le han roto el corazón.
La IA no sabe lo que es despertarse por la mañana y que desde la cocina llegue el olor del café.
La importancia de las relaciones humanas
En 1946, F. Alexander y T. M. French, miembros del Instituto de Psicoterapia Psicoanalítica de Chicago, introdujeron la noción de experiencia emocional correctiva. De acuerdo con estos autores, cuando una persona, en el contexto seguro de una relación terapéutica, se expone de nuevo a experiencias emocionales intensas que en el pasado no pudo manejar, obteniendo un resultado diferente y más adaptativo, los viejos patrones de comportamiento ceden ante nuevas posibilidades. De este modo, la experiencia emocional correctiva sería el elemento clave para el proceso del cambio en psicoterapia.
En una investigación publicada en 1950, el psicólogo y profesor universitario Fred Fieldler, contrariando su hipótesis inicial, encontró que los psicoterapeutas expertos de diferentes escuelas coincidían más entre sí en cuanto a la relación terapéutica que establecían con sus pacientes, que las similitudes entre los profesionales con menos experiencia. La relación terapéutica aparece entonces como el factor común entre diferentes aproximaciones al tratamiento del sufrimiento humano.
Por esos años, Carl Rogers desarrollaba su Terapia Centrada en el Cliente, ahondando en los factores comunes a la psicoterapia. Según Rogers, la eficacia del proceso psicoterapéutico no se debe tanto a las cualidades interpretativas del analista o a las técnicas utilizadas, sino a la capacidad de crear una relación humana basada en la empatía, la aceptación positiva de la persona y la genuinidad del propio terapeuta.
¿Por qué funciona la psicoterapia?
Una aportación decisiva fue la de Jerome D. Frank y su libro Persuasion and Healing (1973). Según Frank las diferentes formas de psicoterapia y prácticas de sanación (incluyendo algunas religiosas o tradicionales) funcionan principalmente porque comparten factores psicológicos comunes, más que por sus técnicas específicas.
Frank sostiene que muchos métodos terapéuticos, distintos en apariencia, producen mejoría porque activan mecanismos universales de persuasión, expectativa y significado que ayudan al paciente a reorganizar su experiencia emocional y su forma de interpretar el sufrimiento.
Aparte de ofrecer una explicación convincente del problema, un ritual o procedimiento terapéutico y generar esperanza, Frank destaca la importancia para la sanación de una relación de confianza con una figura de ayuda.
En el siglo XXI, ha sido Bruce E. Wampold, profesor emérito de psicología en la Universidad de Wisconsin, quien más esfuerzo académico ha dedicado a investigar sobre la pregunta: ¿por qué funciona la psicoterapia?
En su libro El gran debate de la psicoterapia (2021), la conclusión a la que llega, después de años de revisar metaanálisis (síntesis de múltiples estudios independientes) sobre la eficacia de las distintas escuelas de psicoterapia, no es muy diferente: es tan importante el tratamiento como quién lo aplica. De hecho, a veces el terapeuta marca la diferencia. Aquellos terapeutas capaces de formar una buena alianza obtendrán mejores resultados, indiferentemente del tipo de terapia.
ChatGPT lo sabe todo, pero no tiene experiencia de nada
Hasta aquí queda claro que la Inteligencia Artificial tiene mucha información y puede ofrecerte respuestas para todo. Pero no puedes establecer una relación humana de calidad con ella.
ChatGPT es incapaz de ponerse en tus zapatos porque no tiene pies.
Nuestro cerebro evolucionó para la conexión social, y es allí, en el vínculo con otro ser humano donde es posible la sanación. La mayoría de las personas tiene problemas de salud mental debido a problemas vinculares, y es en el contexto de un vínculo donde está el camino que lleva a la salud mental.
El vínculo con la IA puede ser real, pero siempre será incompleto: una de las dos partes no tiene culo para sentarse.
ChatGPT lo sabe todo, pero no tiene experiencia de nada.
Por lo demás, Elon Musk debería ir a psicoterapia.
