Parir con mindfulness

Advertencia: no es mi intención “enseñar a las mujeres a parir”. Ni ellas lo necesitan ni yo tengo capacidad para hacerlo. Mi propósito es contribuir a que cada vez más embarazadas y sus parejas se beneficien de la práctica de mindfulness, una herramienta que puede ser muy útil para afrontar una de las experiencias más transformadoras en el ciclo vital del adulto: traer vida al mundo.

Parir con mindfulness

¿Qué diferencia a mindfulness de otras preparaciones tradicionales al parto?

Para el modelo médico de atención al embarazo y al parto, la mujer es un cuerpo con otro cuerpo adentro, al que es preciso sacar, con toda la tecnología disponible, cuanto antes.

Ni una sola prueba psicológica está incluida en el protocolo hospitalario habitual de atención a las embarazadas, a pesar de que diez por ciento de ellas es posible que desarrolle una depresión posparto.

Lo importante, según la perspectiva médica, es el tamaño de los órganos del feto y el nivel de hierro y glucosa en la sangre de la mujer (y no digo que conocer estos valores no sea también importante). En los hospitales no se otorga espacio alguno a la vivencia subjetiva de la mujer que se convierte en madre.

El hombre que se convierte en padre, por su parte, no es contemplado durante el embarazo de la mujer, y en el parto cumple un variable rol de acompañante, que puede acabar justo cuando el equipo sanitario lo determine.

Desde la perspectiva de mindfulness, en cambio, cuerpo y mente son inseparables.  Es cierto,  somos mamíferos, pero mamíferos pensantes, lo que convierte al parto en un evento fisiológico impregnado de deseos, expectativas, ansiedades, miedos, pensamientos, creencias, emociones, sentimientos.

Aunque mindfulness comparte el abordaje del parto como un evento fisiológico, una intervención basada en el cultivo de la atención plena profundiza en cómo las emociones, los sentimientos y los  pensamientos afectan la experiencia de embarazo y parto de cada mujer.

¿Qué aporta mindfulness a la preparación al parto?

A partir del trabajo pionero de la matrona y madre estadounidense Nancy Bardacke, quien desarrolló el Mindfulness-Based Childbirth and Parenting Program (MBCP) -un curso de preparación al parto para madres y padres, de nueve semanas de duración, que requiere el compromiso de meditar todos los días media hora, seis días a la semana-, las aproximaciones basadas en mindfulness pueden ser útiles para abordar distintos aspectos relacionados con el embarazo y el parto, tales como:

  • Vérselas con el estrés, la ansiedad y el miedo
  • ¿Dónde parir y acompañada por quién?
  • La pareja
  • Aceptar el dolor
  • Enfrentar la incertidumbre y los resultados inesperados
  • Tomar decisiones rápidas y sabias

Vérselas con el estrés, la ansiedad y el miedo

Si en algo son robustos los resultados de la investigación científica sobre mindfulness es en señalar los efectos positivos de la atención plena sobre la reducción del estrés.

Cuando inspiramos y espiramos de forma consciente, calmando la respiración, el núcleo cortical del complejo amigdalino, la zona de nuestro cerebro con mayor implicación en el procesamiento emocional, recibe información de la neocorteza cerebral de que todo está en orden, de que no es necesario que el organismo esté hiperactivo ante la posibilidad de luchar o huir, de que contamos con las herramientas suficientes y el apoyo necesario para enfrentar la situación, en este caso, el embarazo, el parto y la llegada de un hijo o de una hija.

Además, al trabajar con la atención consciente a los pensamientos, se rompe la identificación con ellos (los pensamientos son solo pensamientos, nosotros somos mucho más que ellos), dificultando el hábito de rumiar ideas desadaptativas, que alimentan el estrés, la ansiedad y el miedo.

Con mindfulness las mujeres pueden aprender a estar atentas a pensamientos del tipo:

“no puedo, me supera, no nací para esto, siempre he sido débil, soy una inútil…”

Al detectar este tipo de pensamiento centrado en el déficit, se enfoca la atención sobre la propia mente, tomando distancia de tales pensamientos y evitando regar estas ideas para que no crezcan en nuestro interior.

Por el contrario, con mindfulness generamos pensamientos centrados en el logro, del tipo:

“sí puedo, millones de mujeres antes que yo han parido y yo voy a parir, soy capaz de hacerlo…”

¿Dónde parir y acompañada por quién?

Al aumentar nuestra atención al momento presente, mindfulness nos ayuda a saber con más acierto qué necesitamos en cada momento, a clarificar nuestra lista de prioridades.

Informarse sobre aspectos fisiológicos y sobre la atención al parto es un comportamiento responsable y útil, sobre todo en un ámbito en el que existe una enorme variabilidad en los procedimientos aplicados, y en el que el trato que reciben las mujeres, en algunos casos, es calificado de violencia obstétrica.

El color de la habitación del bebé es importante, desde luego, pero: ¿conoces los protocolos del hospital donde piensas tener a tu bebé? ¿Ya sabes si en caso de cesárea dejarán a tu pareja estar presente, acompañándote, o estarás sola, e, incluso, atada con correas? ¿Cuál es la tasa de partos intervenidos en tu centro médico y qué deseas para ti? Después del nacimiento, ¿se practica piel con piel o te separarán de tu bebé varias horas? ¿Les dan biberón a los bebés desde el primer día o promueven el inicio sano de la lactancia materna?

En cuanto al acompañamiento, ¿es tu pareja, si la tienes, la persona más adecuada, o existe alguien más que pueda estar junto a ti? ¿Has pensado en una doula?

Pareja

Mindfulness puede ayudar a los hombres a que asuman el tiempo del embarazo de su pareja como un período de transición hacia una nueva etapa en la vida familiar y el cambio de rol indispensable que conlleva la paternidad.

Después de realizar un programa de preparación a la maternidad con mindfulness muchas parejas, de forma consistente, reportan que sienten mayor conexión entre ellos y son capaces de comunicarse mejor.

El embarazo constituyen un tiempo de máxima sensibilidad emocional para la mujer (“transparencia psíquica” lo llama la psiquiatra Monique Bydlowski), por lo cual es muy recomendable que las parejas estén muy atentas a la calidad de la comunicación.

Con mindfulness, la pareja aprende a estar presente de forma plena junto a la embarazada y desarrolla habilidades que le servirán para el acompañamiento del parto y más allá.

Aceptar el dolor

Aceptar las cosas tal y como son es uno de los principios básicos de mindfulness. Desde esta perspectiva, resistirse al dolor aumenta el dolor. Como dice Nancy Bardacke, en su libro Mindful birthing (2012):

“Practicar mindfulness no hace desaparecer el dolor durante el trabajo de parto (…) mindfulness nos ayuda a encontrar una relación de aceptación, y no de reacción, ante las intensas sensaciones físicas que usualmente llamamos dolor”.

Un dolor que la matrona estadounidense define como “transformador”. A diferencia del dolor físico que experimentamos habitualmente los humanos, el dolor transformador del parto no señala que “algo está mal y debemos cambiarlo”. Por el contrario, el dolor del parto señala que algo está bien y debe ser bienvenido.

Pero aceptar el dolor no significa no hacer nada. A partir de su experiencia como matrona durante casi cuatro décadas, Bardacke hace hincapié, por ejemplo, en la labor que la parturienta puede hacer durante la primera fase del trabajo de parto, prestando atención consciente al momento a momento de las contracciones, descritas como rítmicas oleadas de dolor intenso seguidas de períodos de descanso.

“Si aplicas tu práctica de mindfulness (…) harás un descubrimiento asombroso: justo en el medio del proceso del parto hay profundos momentos de tranquilidad y paz”, sostiene la creadora del MBCP.

Mindfulness no solo entrena el uso de la respiración como una herramienta durante el parto, sino que al trabajar con los pensamientos dificulta la activación del córtex prefrontal, un agente ralentizador del proceso.

“La mente afecta directamente la fisiología del parto, por lo que la capacidad de estar en el momento presente puede ser una habilidad crítica para parir”, afirma  Bardacke.

Enfrentar la incertidumbre y los resultados inesperados

La ciencia no ha podido determinar con exactitud cuándo se desencadena un parto. Mucho menos se puede predecir cuánto durará el proceso.

Hay partos expeditos y partos que se atascan.

Puedes hacer una excelente preparación al parto, elegir el sitio más adecuado para ti, tener la mejor compañía, y que el parto no transcurra como esperabas ni tenga el resultado anhelado, bien por causas fisiológicas o debido a protocolos médicos desactualizados que en muchas ocasiones desoyen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud o, en el caso de España, no siguen la evidencia científica recogida en la Estrategia de Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad.

Por el contrario, puedes ir a parir sin preparación alguna, acudir al hospital más cercano y tener una experiencia de parto satisfactoria.

Hay muchos escenarios posibles y abrirnos a esa posibilidad es fundamental. Todo el proceso está rodeado de un irreductible factor de incertidumbre, y aceptarlo con mente mindful, en lugar de pretender controlarlo todo, puede ser muy beneficioso.

Tomar decisiones rápidas y sabias

¿Me conviene, en mi caso, respetar el inicio espontáneo del parto, iniciar el trabajo de dilatación en casa y mantenerlo hasta la ruptura de la bolsa, o apenas sienta las primeras contracciones me traslado a toda prisa al hospital?

Hay una serie de decisiones que la mujer tomará a lo largo del embarazo, y otras que deberá tomar sobre la marcha, como ponerse o no la epidural en determinado momento.

Para estos casos, Bardacke ha desarrollado el acrónimo inglés BRANN, que significa:

B: Benefits (beneficios)

R: Risks (riesgos)

A: Alternatives (alternativas)

N: Nothing (nada)

N: Now (ahora)

Ante una propuesta de acción médica (con suerte de que no sea una imposición), la mujer y su acompañante pueden preguntar:

  • ¿Qué beneficios me aportará?
  • ¿Cuáles son los riesgos?
  • ¿Existen alternativas?
  • ¿Qué pasa si no hacemos nada?
  • ¿Hay que hacerlo ahora?

Como ven, mindfulness no va de “respirar para relajarse”.

Mindfulness va de estar atentas a los que nos ocurre en el momento presente, y en una situación como el parto puede resultar una habilidad crítica.

“Mindfulness no te da la experiencia de nacimiento que tú deseas, sino que te ofrece un camino para que aceptes y estés en armonía con la experiencia de parto que te toque”, sostiene Bardacke.

Mindfulness más allá del nacimiento

A diferencia de otras preparaciones para el parto que se le ofrecen a la mujer, el entrenamiento con mindfulness no acaba con el nacimiento de los hijos.

Mindfulness es una herramienta de primera utilidad para enfrentarse al primer año de vida del bebé y al reto de la incertidumbre y las dificultades inherentes a la crianza.

Porque, como se sabe, con el parto no acaba nada: con el parto comienza todo.

Enlaces de interés

Nancy Bardacke y el Mindfulness-Based Childbirth and Parenting Program (MBCP)

Asociación El Parto es Nuestro

Estrategia de Atención al Parto Normal

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