Trump y Maduro: trastorno mental y poder

Hay evidencia de que el poder puede corromper la habilidad de comportarse de forma racional. Políticos en apariencia enfermos son capaces de generar trastornos mentales en aquella sociedad que pretendían salvar. ¿Cuántos venezolanos podrían hoy ser diagnosticados con Trastorno de estrés agudo, depresión o ansiedad?

Trump, Maduro y trastorno mental

Algunos políticos, a consecuencia del ejercicio del poder, dan la impresión de padecer un trastorno mental. Donald Trump, por la derecha, o Nicolás Maduro, por la izquierda, presentan rasgos de comportamiento y discursivos que podrían encuadrarse en lo patológico.

Desde que Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos, diversos psiquiatras y psicólogos han advertido sobre la posibilidad de que el inquilino de la Casa Blanca sufra algún tipo de trastorno mental, relacionado con la personalidad narcisista (Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, DSM-5):

  • Sentimiento de grandeza y prepotencia.
  • Necesidad excesiva de admiración.
  • Expectativas no razonables de cumplimiento automático de sus deseos.
  • Falta de empatía.

    Donald Trump y trastorno mental
    La impulsividad es un rasgo típico de la personalidad de Trump.

Además, según algunos especialistas, en Trump se observan rasgos paranoides:

  • Desconfianza y suspicacia intensa.
  • Sospecha.
  • Dudas injustificadas acerca de la lealtad de los otros.
  • Poca disposición a confiar en los demás.
  • Lectura encubierta de significados denigrantes o amenazadores.
  • Rencor persistente.

Por su parte, Maduro encaja de manera bastante adecuada con, al menos, ocho criterios del Trastorno de la personalidad antisocial (DSM-5):

  • Patrón dominante de inatención y vulneración de los derechos de los demás.
  • Incumplimiento de las normas sociales.
  • Engaño, mentiras repetidas.
  • Impulsividad o fracaso.
  • Irritabilidad y agresividad.
  • Desatención imprudente de la seguridad propia y de los demás.
  • Irresponsabilidad constante.
  • Ausencia de remordimiento.
    Nicolás Maduro y trastorno mental
    Maduro tiene tendencia a no respetar las normas sociales.

    The Goldwater Rule

Sin embargo, a pesar de estos indicios, la American Psychiatric Association (APA) ha tenido que recordar en días pasados la Goldwater Rule, llamada así por el caso del senador y candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Barry Goldwater.

En 1964, la revista Fact publicó un número dedicado a la salud mental del político, en el que un millar de psiquiatras afirmaban que Goldwater no era psicológicamente apto para ser Presidente de Estados Unidos. El caso, que acabó en los tribunales con una demanda que ganó el senador, dio origen a la norma, publicada en 1973, como parte de la Sección 7 de los Principios de Ética Médica de la APA.

Según esta regla, no es profesionalmente ético diagnosticar a una figura pública que no ha sido examinada personalmente por el psiquiatra, aunque sí es lícito discutir y opinar en los medios sobre la salud mental de los personajes públicos, con fines divulgativos y de educación.

Además, diagnosticar figuras públicas tiene el inconveniente de que es imposible diferenciar la persona del personaje. ¿Hasta dónde el Trump o el Maduro que observamos en los medios son personas reales, o personajes construidos por quienes diseñan las campañas de propaganda política?

Discurso político y esquizofrenia

Aunque es más visible en aquellos líderes carismáticos que asumen el rol de salvadores de la patria, también se perciben rasgos clínicos en personajes grises de la política.

Así, es común observar en declaraciones de muchos políticos, de todas las tendencias, dos características propias del lenguaje desorganizado típico de pacientes con esquizofrenia:

  • Circunloquios: sustitución de palabras para evitar palabras problemáticas.
  • Tangencialidad: respuestas que pueden estar relacionadas o no con la pregunta.

No faltan, además, entre algunos políticos y sus seguidores, los temibles delirios: creencias fijas que no son susceptibles de cambio a la luz de las pruebas en contra.

Aunque los trastornos mentales son, por definición, individuales (no existe la mente colectiva), eso no impide que millones de personas puedan enfermar a la vez. Los problemas psicológicos, a veces, parecen trascender al personaje político y contagiar a sus partidarios y a la sociedad como un todo.

¿Cuántos venezolanos podrían hoy ser diagnosticados con Trastorno de estrés agudo, depresión o ansiedad? ¿Cuántos venezolanos, después de que acabe la presente crisis política (¡ay, cuándo será!) desarrollarán Trastorno de estrés postraumático?

La política, como cualquier otra actividad humana, si no se ejerce de forma adaptativa, puede ser causa de enfermedad. Pero, al tratarse de una labor con repercusión colectiva, los políticos en apariencia enfermos son capaces de generar trastornos mentales en aquella sociedad que pretendían salvar.

Síndrome de Hybris o la intoxicación del poder

¿Personajes como Trump o Maduro llegaron trastornados al poder o el poder los trastornó? Difícil cuestión. Quizás Trump ya presentaba algún tipo de trastorno antes de dedicarse a la política, y Maduro,  tal vez, era un hombre mentalmente sano antes de llegar al poder…

Lo que es indudable es que, desde siempre, se ha observado una estrecha relación entre poder y conducta aberrante. Bertrand Russell lo llamaba “la intoxicación del poder”, y de manera coloquial se dice: “se le subió el poder a la cabeza”.

Para el médico y político británico David Owen, existe evidencia creciente de que posiciones de poder en política y en los negocios pueden corromper la habilidad de comportarse de forma racional, lo que el parlamentario británico ha denominado Síndrome de Hybris.

David Owen
Owen: el poder puede corromper la habilidad de comportarse de forma racional.

En la Grecia Antigua, el término Hybris, que suele traducirse por desmesura, hace referencia al intento de transgredir los límites humanos, casi siempre por actos cargados de ira y orgullo.

Owen lo ha aplicado a la política, describiendo el Síndrome de Hybris como un patrón de signos y síntomas que mezcla criterios diagnósticos del Trastorno narcisista de la personalidad, Trastorno de la personalidad antisocial y Trastorno de la personalidad histriónica, con características distintivas que se observan en ciertos políticos, como:

  • Habla mesiánica y tendencia a la autoexaltación.
  • Identificarse a sí mismos con la nación y a la nación con ellos.
  • Confianza excesiva en el propio juicio y resistencia a las críticas de los otros.
  • Pérdida de contacto con la realidad, asociada al progresivo aislamiento.
  • Exagerada autoconfianza y sentido de omnipotencia.
  • Creencia de que no deben rendir cuentas ante nadie, solo ante la Historia o Dios, y de que serán absueltos.

Para Owen está claro que:

“El poder es una droga embriagadora y no todos los líderes tienen el suficiente carácter para contrarrestarla”.

La idea de la moderación en todo jugaba un papel central en el pensamiento griego, y abandonar la mesura, el punto medio, era una de las principales causas del sufrimiento humano. Por eso, para castigar la Hybris estaba la diosa de la justicia retributiva, Némesis.

Así lo explicaba Heródoto en su Historia (8, 10):

“Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía”.

Si yo fuese Trump o Maduro estaría muy atento a los cielos. O a los icebergs…

Lecturas recomendadas

The Goldwater Rule

Síndrome de Hybris

 

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