Habita con plenitud tu zona de confort

La disyuntiva entre salir o permanecer en la zona de confort puede resolverse en términos de sentido: ¿tiene sentido para mí este lugar, esta situación?

Zona de confort

Salir de la zona de confort parece ser uno de los deberes o exigencias inexcusables de los tiempos que corren. Si quieres crecer como persona, nos dicen sobre todo desde el ámbito de coaching, debes abandonar tu situación actual de comodidad –lo conocido- y saltar al terreno de lo desconocido. Pero, ¿es eso cierto?

La última vez que escuché a un conferencista invitarnos a salir de la zona de confort, su discurso estaba tan revestido de comodidad intelectual que se encendió en mí la alerta de la duda. Mucho más cuando dijo que debíamos pasar más tiempo con nuestra familia y amigos, pero el conferencista estaba a miles de kilómetros de su país, entre desconocidos, que a su vez habíamos dejado a nuestras familias y amigos para estar con él.

¿Es verdad que debemos salir de nuestra zona de confort?

Como en tantas otras situaciones de la vida, la respuesta es: depende.

Depende de si esa zona de confort es un espacio de aprendizaje y crecimiento para ti o no. Sentirnos cómodos en un lugar, con lo que hacemos y junto a las personas que lo hacemos, no es por necesidad síntoma de estancamiento, sino, todo lo contrario, de que fluimos adecuadamente con nuestro entorno. En ese caso, ¿para qué abandonar el lugar donde, cómodamente, podemos desarrollar nuestro potencial?

Por descontado, si la zona de confort equivale a un lugar que bloquea nuestras posibilidades de desarrollo, será entonces cuando salir de tal entorno puede cobrar sentido para nosotros.

Una precaución que debemos tomar con los llamados a salir de la zona de confort tiene que ver con la sociedad del rendimiento: la necesidad de rendir, producir, tener éxito. Operación Triunfo no es solo un programa televisivo para descubrir talentos musicales: es la metáfora de una sociedad que desecha a los derrotados, a los perdedores, a los que no rinden lo suficiente según el parámetro dominante.

Como advierte el filósofo Byung-Chul Han, la “guerra” del rendimiento puede conducir a la depresión:

“No-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada. La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad”.

La positividad de que todo es posible, salvo el fracaso.

Ir en la búsqueda incesante de situaciones de satisfacción y crecimiento personal también puede provocar un estado de insatisfacción perenne con lo que nos rodea y ser fuente de una gran infelicidad.

La disyuntiva entre salir o permanecer en la zona de confort puede resolverse en términos de sentido: ¿tiene sentido para mí este lugar, esta situación?

No siempre hay que quedarse quieto y no siempre hay que moverse. Depende…

Y para saber qué te conviene en tu caso, una sugerencia: habita con plenitud tu zona de confort.

Si no puedes hacerlo, es la zona de confort la que te ha echado de allí.

Entonces, agradece lo que te ha dado y vete.

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