3 ideas dañinas acerca del amor de pareja

Se vincula al amor romántico con violencia de género. Pero el inconveniente radica en ciertas ideas ilusorias o erróneas que es preferible desterrar. Porque nada dura para siempre, nadie pertenece a nadie y todos somos la naranja entera.

3 ideas dañinas acerca del amor de pareja

El amor romántico, con diversos matices y formas, ha existido siempre.

Platón, por boca de Aristófanes, expone en el Banquete (189c-193e) el mito de la media naranja. Según este mito, en tiempos remotos la forma de cada persona era redonda en su totalidad, y cada cual tenía duplicado lo que hoy tenemos a pares (cuatro brazos, en lugar de dos, cuatro piernas, etc.) y así con todas las partes del organismo, incluyendo el sexo, al poseer tanto genitales masculinos como femeninos.

Pero estos seres andróginos conspiraron contra los dioses y fueron separados en dos partes.


“(…) cuando se encuentran con aquella auténtica mitad de sí mismos (…) quedan entonces maravillosamente impresionados por afecto, afinidad y amor, sin querer, por así decirlo, separarse unos de otros ni siquiera por un momento (…) Yo me estoy refiriendo a todos, hombres y mujeres, cuando digo que nuestra raza solo podría llegar a ser plenamente feliz si lleváramos el amor a su culminación y cada uno encontrara el amado que le pertenece, retornando a su antigua naturaleza”.

 

Más adelante, en el mismo diálogo, Sócrates se encargará de hacer la crítica de este mito:


“(…) no sea, por servil dependencia, mediocre y corto de espíritu, apegándose, como un esclavo, a la belleza de un solo ser…” Banquete 210b-210d

 

Los griegos fueron conscientes de lo perjudicial que podían resultar los excesos en el vínculo amoroso. En la obra Hipólito, de Eurípides, dice la nodriza de Fedra:


“Los mortales deberían contraer entre sí sentimientos amorosos moderados, sin llegar hasta los tuétanos del alma, y los afectos del corazón deberían ser fáciles de desatar para rechazarlos o apartarlos”.

 

Pero, con mucha frecuencia, a los mortales se nos olvida, o no podemos hacer valer, esta advertencia.

Amor romántico y violencia de género

En la actualidad, se ha vinculado al amor romántico con la violencia de género. Pero conviene precisar que no se trata de culpabilizar al amor romántico en sí mismo, sino a ciertas ideas erróneas, ilusorias o dañinas que suelen girar en torno a las relaciones de pareja. Quiero destacar tres de estas ideas, comunes en el discurso amoroso de nuestra época:

  • El amor es para siempre.
  • Yo soy tuya y tú eres mío.
  • Sin ti no soy nada.

El amor es para siempre

No, el amor de pareja no es para siempre porque nada es para siempre.

La persona que en un momento dado de la vida consideramos nuestra “media naranja” puede que en otro momento no lo sea.

¿Significa esto un canto a los amores fugaces, a los romances de verano?

No, significa que el amor para siempre debe actualizarse cada día. Te amo para siempre porque te amo hoy, y en el momento en que, de forma repetida, sea incapaz de amarte hoy, ya no podré amarte para siempre.

Además, cada edad, cada etapa de la vida, tiene sus propios arreglos. No podemos referirnos en los mismos términos al amor cuando tenemos veinte años que cuando tenemos cuarenta o sesenta. Nosotros cambiamos y el amor cambia con nosotros.

El amor, para que florezca y de frutos, requiere tiempo y voluntad. Pero no a cualquier precio.

No digas a tu pareja te amaré para siempre, porque no lo sabes.

Simplemente, ámale hoy e intenta amarle mañana.

Yo soy tuya y tú eres mío

Nadie es propiedad de nadie. Si ni siquiera nuestro propio cuerpo nos pertenece (¿quién puede evitar enfermarse?), mucho menos puede pertenecernos el cuerpo, el ser, de otra persona.

Una cosa es que dos personas decidan acompañarse y compartir juntas un trayecto de la vida, dure un día o cincuenta años, y algo muy distinto es creer que la otra persona nos pertenece, como si fuera un zapato.

¡Qué lo de ser tuya o que seas mío es tan solo una forma de hablar!

Pues nada es solo una forma de hablar. Las palabras construyen realidades y hacen de las personas zapatos.

Sin ti no soy nada

Antes de conocer a esa persona eras alguien (si no, ¿cómo pudiste conocerla, cómo se enamoró de ti?) y después de esa persona seguirás siendo alguien. Distinto o distinta, sí, el amor nos transforma, pero seguiremos siendo alguien. Nuestro ser está más allá de las contingencias del amor.

Nadie es la media naranja de nadie.

Todos somos la fruta entera, plena en sí misma.

Es conveniente estar atentos en nuestra propia vida a estas ideas dañinas acerca del amor, y a cualquier otra, como que el amor todo lo puede y, por tanto, todo lo soporta.

La omnipotencia es asunto de los dioses, las personas ni todo lo podemos ni todo lo soportamos.

Simplemente, ama. Aquí y ahora.

 

 

Autor: Máximo Peña

Periodista, psicólogo y especialista en intervención psicoterapéutica

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