10 claves para protegerte de la propaganda política

No abandones nunca el sentido crítico. Sé exigente con los políticos. Tú mandas. Practica el sano escepticismo. Cuestiona la idea subyacente de que cambiar de opinión es de gente sin principios. ¡Atrévete a cambiar de opinión cuantas veces sea necesario! “Toda convicción es una cárcel”, escribió Nietzsche. Sal de tu cárcel ideológica y respira el aire puro de la duda.

Propaganda política

Los políticos intentan enamorarnos: igual que los amantes, mienten. Si dijesen la verdad, les sería más difícil hacerse con nuestros corazones (y con nuestros votos). Para mentirnos mejor, sin que nos demos cuenta y podamos aceptar la mentira que más nos atraiga o que menos nos incomode, existe la propaganda política.

Desde que en 1622 el Vaticano creó la Sacra Congregatio de Propaganda Fide, el término propaganda ha sido utilizado por todos aquellos que buscan propagar un mensaje, pero no de forma desinteresada, sino, como la propia definición de la Real Academia recoge, dando a conocer algo “con el fin de atraer adeptos o compradores”.

“Lo mío es la verdad, propaganda política hacen los otros”

Una de las estrategias de propaganda política más utilizada por todos los partidos, estén a la derecha o a la izquierda del espectro político, es negar que hacen propaganda: lo suyo es la verdad, propaganda hacen los otros.

Pero, lo cierto es que en política no existe nada como comunicación informativa pura: toda información emitida desde un partido político es intencional y busca promover sus intereses.

Obama y la propaganda política
La propaganda política nunca es inocente

Como afirman Garth Jowett y Victoria O´Donnell en su obra Propaganda & Persuasion (2006), la propaganda política tiene el triple objetivo de:

  • Formar percepciones.
  • Manipular cogniciones.
  • Dirigir la conducta en el sentido deseado.

La propaganda política nunca es inocente, sino que siempre es deliberada, y su fin es obtener una respuesta, pero no cualquiera, sino la respuesta deseada por el propagandista, tanto en el plano emocional como en el cognitivo.

Entre las tácticas de propaganda más utilizadas por todos los partidos políticos, encontramos, solo a modo de ejemplo (la lista entera sería interminable):

  • Poner etiquetas.
  • Simplificar.
  • Demonizar al enemigo.
  • Generalizar.
  • Acudir a estereotipos.
  • Ataques personales.
  • Apelación al miedo.
  • Enfatizar principios morales.
  • Manipular estadísticas.
  • Desinformar.
  • Apelar a la ignorancia.
  • Usar palabras ambiguas.
  • Lanzar distractores.
  • Polarizar.
  • Decir verdades a medias.
  • Caracterizar al emisor del mensaje como gente común.

Te invito a que busques ejemplos de las tácticas mencionadas, pero con una condición: intenta localizar ejemplos de propaganda política no solo que procedan del rival, sino hazte consciente de las tácticas del partido con el que simpatizas, y con las que intentan formar tus percepciones, manipular tus cogniciones y dirigir tu conducta.

propaganda política
La propaganda política persigue dirigir TU conducta en el sentido deseado (por ellos).

10 claves para no sucumbir a la propaganda política

La política puede afectar la salud mental, no solo de quien la ejerce, sino de los ciudadanos, afectados por la propaganda política.

Para evitar que los discursos políticos te hagan perder la razón, te sugiero diez estrategias que puedes practicar:

  1. Mantente alerta con la información que recibes. No abandones nunca el sentido crítico. Sé exigente con los políticos. Tú mandas.
  1. Nadie está del lado correcto de la historia. Nadie. El problema no es ser de derecha o de izquierda. El problema es no practicar el sano escepticismo.
  1. Permanece atento al aquí y ahora de los procesos. La justicia futura solo se construye a partir de la justicia presente. La libertad futura se funda en la libertad de hoy. El fin no justifica los medios.
  1. Si tenemos dificultad para saber qué pasa en nuestras narices, ¿cómo no vamos a tenerla para comprender lo que ocurre a diez mil kilómetros de distancia? Mientras más lejano (y no solo geográficamente) esté un conflicto, menos firmes deberían ser nuestras opiniones. Además, algo muy importante a tomar en cuenta: el grado de extremosidad en las opiniones está asociado a rasgos patológicos.
  1. Cuestiona la idea subyacente de que cambiar de opinión es de gente sin principios. ¡Atrévete a cambiar de opinión cuantas veces sea necesario! Es recomendable adoptar la perspectiva científica de poner a hipótesis las propias ideas: si no se corresponden con la realidad, cámbialas. No intentes adaptar la realidad a tus ideas, sino al contrario.
  1. No identifiques tu “yo” con tus opiniones políticas, las cuales, la mayoría de las veces, son las opiniones de los grupos sociales a los que perteneces. Tú eres más, mucho más, que tus opiniones.
  1. Investigaciones en psicología cognitiva revelan que tenemos tendencia a atender y procesar en mayor medida información coherente con nuestras creencias, y a rechazar los datos que contradicen nuestras opiniones. Renuncia a consultar información que solo corrobore tus puntos de vista. Acostúmbrate, con actitud abierta, a leer periódicos o a consumir medios de comunicación opuestos a tu tendencia ideológica. Un poco de verdad puede encontrarse en cualquier sitio, hasta debajo de las piedras.
  1. Sospecha de cualquier análisis dicotómico de la realidad, del tipo derecha-izquierda, los de arriba y los de abajo, eje del bien y eje del mal.  No te conformes con menos de cuatro dimensiones de cualquier fenómeno.
  1. La fe ciega déjala para asuntos religiosos. “Toda convicción es una cárcel”, escribió Nietzsche. Sal de tu cárcel ideológica y respira el aire puro de la duda.
  1. Y recuerda: el poder es nuestro. Los políticos tienen, ni más ni menos, el poder que nosotros, los ciudadanos, decidimos darle.

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